Desarrollo Personal November 27, 2017

Resiliencia mental

3 aspectos básicos para una vida más equilibrada, probados y aprobados por una persona que sabe de qué va el estrés - Por Gepke Bruinsma, Training Consultant

El estrés es algo curioso. En ocasiones lo necesitamos para seguir avanzando hacia la excelencia; sin embargo, otras veces nos hace sentir como si nos estuviésemos ahogando. Lo que para algunas personas puede ser estresante, para otras puede ser únicamente un cosquilleo emocionante. Y aunque algunas personas vuelven fácilmente a la normalidad después de un periodo de gran presión, para otras la situación se vuelve incontrolable. La estrategia de esconder la cabeza en la arena como el avestruz cuando las cosas se ponen feas no funciona en un mundo en el que las fuentes de tensión no hacen más que crecer. Así pues, ¿qué podemos hacer para encontrar y mantener nuestro equilibrio de una manera sostenida?

Personalmente, puedo afirmar que he vivido el lado oscuro del estrés. La sensación de sobrecarga, de no saber por dónde empezar, de aguantar la presión por vender y la creencia irracional de que tengo que entregar resultados perfectos y de hacerlo para ayer... todo eso me resulta muy familiar. A veces me preguntaba: ¿cómo puedo ofrecer consejos a las personas que participan en mis trainings si ni siquiera yo misma soy capaz de seguirlos?

Pensemos en la resiliencia mental. La resiliencia mental es la capacidad de recuperar la normalidad después de haber tenido que superar circunstancias vitales negativas, problemáticas o adversas. Más que la adhesión rígida a esquemas y conductas de pensamiento poco saludables, la adaptabilidad y la flexibilidad son los parámetros que marcan la diferencia. Y el pronóstico para quienes tengan esta habilidad es brillante: se ha demostrado que existe un vínculo estrecho con pautas de sueño saludables, con una presión arterial más baja y con un bienestar físico general. Es lícito preguntarse: ¿esta es una cualidad innata para unos pocos elegidos? Pues no. No lo es. Pasa lo mismo que al ir al gimnasio: la resiliencia mental es un músculo que se puede entrenar para que se estire cuando lo ordenemos.

Aumentar mi resiliencia mental me ayudó a obtener una nueva perspectiva sobre el estrés y a desarrollar mecanismos de superación saludables. ¿Desea conocer el secreto para conseguirlo? Pues póngase las zapatillas para ir al gimnasio... 

1. La perspectiva lo es todo

Las peligrosas palabras "Sí, pero" van seguidas casi siempre de las palabras "Tengo que...". Siempre que me escucho a mí misma pronunciando la expresión "Tengo que" más de una vez en una frase, acompañada de un aumento del ritmo cardíaco y de sudoración en las palmas de las manos, paro un momento y valoro la situación. ¿De verdad "tengo que"? ¿Quién lo dice? ¿Qué ocurre si no lo hago? ¿Qué es lo que QUIERO hacer en vez de eso? Obviamente, eso no significa que podemos deshacernos de todas las tareas indeseadas de nuestras vidas. Por contra, estas preguntas ayudan a distinguir entre lo importante y lo urgente y eliminan las presiones irracionales que nosotros mismos nos imponemos.

Además, me cuestiono mis sensaciones de estrés adaptando mi perspectiva sobre dos aspectos: lo que está en juego y los recursos. Cuando reduzco lo que está en juego (seamos sinceros: tenemos tendencia a inflar negativamente las consecuencias negativas), de repente la situación ya no parece tan amenazadora. La incorporación de recursos adicionales (por ejemplo, conseguir más tiempo o recibir la ayuda de compañeros o amigos) crea una sensación de control y capacidad de administración. La combinación de estas dos acciones genera un impacto positivo en mi percepción del estrés.

2. Benevolencia con uno mismo

A menudo somos nuestros críticos más duros. Apartamos nuestros fallos y analizamos al detalle, una y otra vez, todos y cada uno de nuestros errores. Para escapar de esta desagradable espiral, he desarrollado una estrategia de benevolencia con uno mismo que me permite ser más resiliente ante la crítica, tanto la de otras personas como la mía propia. Al final de una reunión, después de una situación complicada o simplemente antes de irme a dormir, dedico unos minutos a realizar una sesión de mini-evaluación conmigo misma. En vez de ahondar en lo que no ha ido bien, me pregunto: ¿Qué es lo que funcionó bien en esa situación y qué es lo que puedo hacer mejor la próxima vez? Dedicar unos minutos a reconocer y recompensar las cosas positivas incrementa la sensación de autoconfianza, algo que está vinculado positivamente a la resiliencia mental. Analizar aquello que se puede mejorar aumenta la motivación: no puedo cambiar el pasado, pero sí puedo cambiar el futuro.

3. Administrar mi energía

La estrategia más importante a largo plazo consiste en definir el "punto ideal" y vivir en él, es decir, en la intersección de los talentos personales y las necesidades de la organización: un lugar donde existe una fuente de energía inagotable. Si puede hacer algo que le aporte alegría cada día, algo que esté en línea con sus creencias y valores, algo que utiliza y fomenta sus talentos personales, entonces su resiliencia mental se disparará. Esto funciona prácticamente igual que un estimulador del sistema inmunológico: le permitirá deshacerse fácilmente de los eventos negativos. Para lograr el éxito es muy importante reflexionar sobre la cantidad de tiempo que usted pase en su "punto ideal" y mantener discusiones abiertas con su mánager y sus compañeros de trabajo.

Para desarrollar la resiliencia mental es necesario trabajar los músculos mentales, es decir, adaptar sus ideas y actitudes con el fin de alcanzar la flexibilidad necesaria para recuperarse del estrés. Lo primero es saber si realmente estoy dispuesto a sudar ¿Empezamos?

Gepke Bruinsma

Training Consultant

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